El G-Sync es la tecnología propietaria de tasa de refresco variable de NVIDIA para juego. Sincroniza el refresco del monitor con la salida de fotogramas de la GPU, eliminando el tearing a framerate variable.
Detalles técnicos del G-Sync: un controlador NVIDIA propietario integrado en el monitor gaming se comunica con la GPU NVIDIA por el cable de pantalla. La GPU envía una señal de «fotograma listo»; el monitor retrasa el refresco hasta que llega el fotograma y entonces lo muestra.
Versiones del G-Sync: G-Sync clásico: típicamente 30–240 Hz, exige hardware NVIDIA, ~200–500 € de sobreprecio vs un monitor estándar. G-Sync Compatible: el monitor admite VRR vía DisplayPort Adaptive Sync (estándar abierto), certificado por NVIDIA. Más barato que el G-Sync de marca. G-Sync Ultimate: brillo de pico >600 nits, local dimming, 4K+144 Hz. Gama premium (600–2000 €).
Latencia de entrada: ~1–2 ms añadidos vs sincronía tradicional, imperceptible para la mayoría de jugadores.
Disponibilidad: dominante en monitores gaming de gama alta (ASUS ROG, MSI, BenQ, LG). Menos común en TV (las TV Samsung admiten más a menudo AMD FreeSync).
Comparación con AMD FreeSync: el G-Sync ofrece en general un control más estricto (menos artefactos de tearing), pero el FreeSync es un estándar abierto (más barato). La calidad VRR de AMD cerró la brecha desde 2023.
Requisitos: GPU NVIDIA (GeForce RTX/GTX), cable DisplayPort, monitor compatible con G-Sync. Funciona con controladores NVIDIA 347.00+.
Cuándo comprar: si tienes una GPU NVIDIA (RTX 4060 o mejor) y juegas a juegos de acción rápida (FPS, carreras) donde cae el framerate, un monitor G-Sync compensa (~300 € de sobreprecio por la comodidad). Para juegos en solitario o de estrategia, menos crítico.
Alternativa: el FreeSync es más barato y funciona con tarjetas AMD y NVIDIA. Para jugadores de entrada, el FreeSync ofrece mejor relación calidad-precio.